Por

novia

Historia de Boda…

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” una frase célebre del libro Rayuela, capítulo uno del escritor Julio Cortázar quien nació en Bélgica, de padres argentinos y nacionalizado francés, una reseña ideal y parecida a una historia de amor y Boda, también multicultural entre una española y un colombiano.

Ellos se miran a los ojos y saben que son el uno para el otro, que están ahí porque el universo fue cómplice para unirlos con amor. El no deja de darle detalles sencillos pero muy valiosos para el alma y el corazón.

Judit tiene 34 años, nació en Mataró, Barcelona España y su signo Tauro la identifica como una persona paciente. Rodrigo, bogotano de 31 años es adrenalina pura como su signo Aries lo perfila. Combinación perfecta de los astros para dos signos que son seguidos en el calendario. Se conocieron el cinco de octubre de 2011, fue amor a primera vista e iniciaron la relación con la premisa de que la vivían a tope o de lo contrario tú en tú continente y yo en el mío. Y así fue, días después él le preguntó que si se quiere casar y ella aceptó. Durante todo este proceso de preparación de la boda, ella vive en España y Rodrigo en Bogotá.

Se ilusionaron de verdad y por ello el compromiso se inició con un viaje exclusivo de los padres de la novia a Colombia para conocer el príncipe azul que le había robado el corazón de su hija. Rodrigo en compañía de su hijo Miguel Ángel de seis años, los recoge en el aeropuerto y en tres días los llevan a sitios turísticos de Bogotá. Con los suegros también fue amor a primera vista, se encantaron y hubo aprobación, por consiguiente, Judit llego al tercer día y organizaron una cena para la petición oficial de mano.

Ese día siete de diciembre ella sabía lo que iba a pasar, fue tanta la ansiedad y nerviosismo que se enfermó y no pudieron salir a la cena programada.  Sin embargo, el novio ya había grabado las argollas con esa fecha. La sorpresa quedo para el otro día en un lugar más cerca de las estrellas: Monserrate. A manera de mago apareció el anillo de compromiso dentro de unas margaritas que estaban en el florero de la mesa.

Había que aprovechar el tiempo y los cortos viajes de Judit. Llega diciembre y el regalo de ella es que viaja a Bogotá para pasar navidad y año nuevo juntos. Se casan por lo civil el seis de enero, y empiezan a organizar su Boda social. Por consejo de una amiga, escogen un sitio campestre, sencillo y romántico y menos frio que la capital y se deciden por la Hacienda Veracruz en Villa de Leyva.

Judit tenía claro como quería su Boda. Hizo un dosier con más de 50 fotos de bodas a su estilo que encontró en revistas y entre los dos, vía internet, empezaron a escoger algunos detalles para replicar. Descartaron la rosas y su tendencia en colores para las flores silvestres fueron el amarillo, aguamarina, rosa palo, blanco y verde. Las margaritas, flores favoritas de Rodrigo, cobran un protagonismo importante en la decoración natural de la Boda.

Contratan a una wedding planner (Organizador de Boda) que se acomoda a su estilo vintage. Judit nunca soltó las riendas para lograr lo que quería. Compro muchos detalles de decoración en España. Su vestido fue contrario a lo que se había imaginado  para su Boda, solo sintió que cuando se probó uno del diseñador YolanCris se identifico con él, su mamá, hermana y sobrina lo aprobaron de inmediato.

Esta era una Boda de aquí y de allá, había que organizar a 26 invitados españoles con tiquetes, hospedaje, transporte, recorrido turístico en las dos ciudades, tres días en Bogotá cuatro en Villa de Leyva y unirlos con los 23 invitados de Bogotá y algunos posteriormente para Cartagena.

Empezó abril y llegaron los invitados, aunque es un número manejable, fue complejo organizarlos con todo el paquete planeado: finos detalles, carta de bienvenida, regalos, chiva rumbera, transporte citadino, restaurantes y visita a museos. Coincide un partido del Barca y mientras los hombres se dedican al fútbol las mujeres aprovechan y se van a un spa. En la noche se unen de nuevo para una despedida de solteros en común y viajan al otro día al sitio de la Boda, donde la ceremonia era católica con bendición de argollas.

El día de la Boda fue el cinco de abril a las dos de la tarde con un paisaje muy natural. Tenían en su reportorio 496 canciones, de las cuales cada una tenía su momento, la que debía sonar cuando entraban, cuando salían, al poner el anillo, en fin, cada acción tenía un tema específico que había marcado sus vidas y este era el gran motivo para sellarlas.

La ceremonia fue a la intemperie, pero la lluvia los obligó a colocar una carpa que estaba prevista. La decoración de su Boda fueron sillas blancas con pequeñas botellas de vidrio colgadas con las flores silvestres y otras con coloridos y pequeños conos de papel llenos de arroz  y confetis y para los niños burbujas. En el pasillo central, claro a petición del novio,  margaritas en el piso y grandes esferas colgadas con las mismas. También hubo ceremonia de la luz que se cerró con el rito de las mancuernas mexicanas, donde es tradicional una alegoría a la soga en el cuello. La ceremonia de Boda fue mitad en español y mitad en catalán, guiado por un libro también elaborado por los novios.

A la salida de este sitio cada uno tenía un globo rojo en forma de corazón, el cual dejaron volar al infinito y mas allá para desear felicidad a los novios. En seguida un pasabocas y la lluvia sigue haciendo parte de la celebración. De camino a la recepción una chiva típica lleva a los invitados y un carro rojo clásico de los años 20 a los novios.

Llegan al restaurante de la Boda. Mesas redondas, manteles blancos decorados con pequeños caminos en telas patchwork de colores rosadas y verdes para cada una de las siete mesas. Centros con sutiles jarrones, perfumeros y botellas de vidrio con las flores silvestres. Velas, marcos de cuadros para señalar la mesa. Todo esto lo había traído Judit de España a un precio demasiado económico.

A la entrada, un árbol de los deseos en rama natural para que los invitados colgaran sus mensajes de buenos augurios. Los recordatorios fueron un dibujo que Rodrigo diseño y un profesional lo perfeccionó y lo convirtieron en botones, imanes para la nevera, espejos para las mujeres sellados con su slogan “existo, pues me enamoro”.

bodas

En cuanto a la comida de la Boda, de entrada degustaron canapés fríos y calientes con un ceviche puesto en un delicioso patacón. De plato fuerte, lomo con tocineta y espárragos, vino tinto y blanco para acompañar, ocho variedades de postres en tartalinas pequeñas, suficiente cantidad para que cada invitado probara uno de cada uno.

El recuento de esta historia en un restaurante de Bogotá, se interrumpe. En algún momento de esta entrevista, Rodrigo se para de la mesa y minutos después, la mesera trae un jarro de vidrio y adentro un individual de papel escrito con un mensaje que decía “amor mío soy el hombre más feliz del mundo, feliz cumpleaños te amo” y se dan un cariñoso beso y abrazo.

Continúa la historia. Llega el momento de los discursos en la recepción. Las largas palabras del cuñado de Rodrigo quien tuvo 16 horas de viaje para escribirlas, enseguida el papá de la novia hizo una rima a cada uno de los invitados, también interviene la hermana, el hermano canto una canción y los novios cerraron con unas bellas palabras de Boda, donde Rodrigo le da un beso en la frente a los 49 asistentes, ¡por suerte eran pocos!

El regalo de los invitados era voluntario. La invitación fue anunciada desde el comienzo por internet y telefónicamente. Dos semanas antes las hicieron en papel artesanal para que formalmente las tuvieran con una historia que decía: “nos conocimos en Bogotá, nos enamoramos bailando son cubano en la Habana, nos comprometimos en Monserrate y nos casamos en Villa de Leyva”. Como la mitad de invitados no conocían al prometido del otro, escribieron una historia de cada uno de los novios muy particular y corta, donde por ejemplo se supo que Rodrigo se había machucado un dedo cuando era pequeño.

Llega la rumba a las siete de la noche. Como todas las canciones estaban dispuestas, el DJ de la Boda ya sabía lo que tenía que hacer: Combinación de música tropical, electrónica, de todo para todos. Sin accesorios extras para esta hora loca, solo fue necesaria la diversión de los invitados. El bouquet de la Boda era solo en gipsofila que significa ternura, infancia y transparencia del alma, fue entregado a una amiga que los novios escogieron.

El regreso es como a las cinco de la mañana y por supuesto a esta hora en Villa de Leyva no hay taxis y ese fue un detalle que se les escapó, finalmente lograron contratar una van, todos estaban en la quinta dimensión y para completar el conductor de esta camioneta estaba con tragos, por consiguiente Judit le quito las llaves y aún vestida de novia,  y por supuesto un poco despeinada, se sentó en este carro ajeno para manejar por una carretera que no conocía y llevarlos a todos al hotel.

novias

Pero aquí no termina la Boda. Ese día se levantan a las ocho de la mañana a pasar la resaca, tranquilos en la noche hacen una cena especial. Al otro día, más turismo, visitaron Ráquira entre otros lugares donde los invitados se conocieron aún más. Al cuarto día regresaron a Bogotá y prepararon sus maletas para ocho días más con algunos amigos y continuar la celebración en Cartagena. La semana siguiente Rodrigo y Judit por fin solos, se quedan para disfrutan de su luna de miel en la Guajira.

Fue una Boda soñada. Es una historia que cuentan como la mejor de sus vidas. Por tener pocos invitados fue muy íntimo, más cercano, más detallista. Lo mejor que resaltan de toda esta historia es que tuvieron un magnifico documental fotográfico con Juyá, como lo querían y ajustados totalmente a su estilo.

Sin duda, la Boda más larga de la historia, porque a su regreso a España los esposos se instalan en Barcelona y toda la familia que no pudo estar en Bogotá, los esperaban con una gran celebración para compartir la historia de la Boda. Y luego un ágape con otros amigos en la playa.

Como experiencia y consejo, es que los novios deben disfrutar la organización de su boda, de lo contrario se les convertirá en un sufrimiento. Esta es la prueba de fuego donde hay que saber llegar a acuerdos, a tolerar y a decidir.

Dentro muchos años, en compañía de sus hijos y nietos, Rodrigo y Judit prometieron volver a contarnos más historias de su vida donde él seguramente le va a estar preguntando todo el tiempo ¿donde están mis gafas? y Judit estará tomando pastillas para recordar donde dejo las gafas.

bodas

Etiquetas:
[related-posts]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *