Reflexiones para Bodas Católicas

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Reflexiones para Bodas Católicas: Tenemos todo listo para casarnos

“Sólo nos faltan algunos detallitos sin importancia”

Ojalá estás reflexiones para bodas lleguen oportunamente a las personas a quienes deberían interesarles, es decir:

  • A los contrayentes que creen que tienen todo listo para el matrimonio…
  • A las amorosas madres que, con mucha anticipación y diligencia, les están ayudando a hacer “todos” los preparativos, pero que no se dan cuenta de que faltan “algunos” detalles, y que no hay que buscar la manera de “obviarlos” pasando por encima de ellos, sino que lo mejor es asignarles la prioridad que se  merecen.

A principios de diciembre recibí una llamada de una dama que conozco hace tiempo pero con la cual había perdido todo contacto – también conozco a su familia-. Me contó que iba a contraer matrimonio en los días de Navidad. Que ella llegaría a Bogotá en la semana del 17 y que su novio llegaría dos días más tarde. Ambos viven en el exterior. Me dijo que todo estaba listo para el matrimonio pero que a última hora se le había presentado un problema: No habían hecho el curso prematrimonial ni habían realizado el trámite parroquial correspondiente. Su mamá se había ocupado de que no faltara ningún detalle importante. Pero parece que algo le falto….

Ambos son personas muy ocupadas en trabajos muy importantes y no habían tenido tiempo para ocuparse de eso. Ella había estado averiguando dónde hacer su curso prematrimonial en Bogotá en esos días, pero no había encontrado ningún centro que tuviera actividades para esa fecha. Y me manifestó su extrañeza. Parece que ella había olvidado cómo se desarrollan las actividades en Diciembre, sobre todo durante los días en torno a la Navidad.

Y terminó diciéndome: “Desde hace varios meses venimos alistando todo para el matrimonio: El club, el viaje de luna de miel, los tiquetes de avión, los vestidos, las participaciones, la fotografía, la música de la fiesta, los vestidos de los pajecitos, etc. etc. etc. Pero entre estos etcéteras no hubo un lugar para otros detallitos de menor cuantía, como era la preparación de las personas para su vida matrimonial. En todo habían pensado. Menos en esto. Y vino una acotación amarga, como para reclamar de mí una respuesta que se ajustara a sus planes:Uno se quiere casar por la Iglesia, pero le ponen tantos requisitos que uno no sabe qué hacer”.

Creo que ella sí sabía qué hacer, y desde hace bastante tiempo. Vive en un país que tiene excelentes programas de preparación al matrimonio. Como católica que se reconoce, le habría sido muy fácil enterarse en la Parroquia a la que asiste con regularidad, de los recursos que allí existen y, obviamente, de los esfuerzos que serían necesarios realizar por parte de los dos novios para realizar su preparación. Su activa vida profesional le exige permanentemente esfuerzos y sacrificios. Su vida social también le exige previsiones, desplazamientos, costos, esfuerzos.

Y vino la pregunta clave: ¿Cómo podremos obviar esto? Yo ya estoy familiarizado con el lenguaje de nuestra gente. La palabra “obviar” puede tener en su diccionario diversas acepciones, por ejemplo: Buscar un camino para hacer las cosas bien. Pero en este caso el significado era evidente: “Cómo haremos para pasarnos por encima de esta exigencia de la Iglesia?

Desafortunadamente conmigo tocó a la puerta inadecuada. No nací ayer ni ando improvisando en estas lides de la pastoral familiar. Estoy convencido de que cuando al Sacramento del Matrimonio no se le reconoce su importancia, tampoco se le va asignar ninguna prioridad en tiempo ni esfuerzos. Y éste era uno de esos casos.

No me quedó otra solución que recomendarle que comenzara ahora por realizar algunos de esos trámites o “pequeños detalles” que a madre e hija se les pasaron inadvertidos: Ponerse en contacto con el Párroco que le correspondía, para que él, con la sabiduría y la paciencia que el Señor le brindara, le ayudara a realizar, en dos o tres días [y no completos porque la familia y los amigos de estas parejas las quieren mucho y esos amores quitan tiempo], esas tareas que normalmente se deben realizar.

Este no es un caso aislado. Desafortunadamente son muy frecuentes los casos de novios que piensan y dicen que tienen todo preparado para casarse. Pero han olvidado tener en cuenta algunos asuntos importantes. Se acuerdan de preparar cosas (ramitos de flores, tarjetas de invitaciones, vestidos, licores para la fiesta, fotografías, música, y qué sé yo). Piensan en todas estas cosas al detalle y con tiempo. Desde hace meses saben qué necesitan prepararse para el viaje de luna de miel, a dónde van a viajar, qué requisitos deben llenar para las visas, a qué horas deben llegar al aeropuerto, qué ropa necesitan llevar, etc. Eso está bien que lo hagan. Pero el matrimonio es un viaje largo y complejo que requiere muchos preparativos. Y no sólo de cosas. Deben ocuparse también  y primordialmente  de preparar personas y relaciones. Por eso es importante que los novios tengan conciencia de varios asuntos  a los cuales deben consagrar también tiempo, esfuerzos y recursos.Que se den cuenta de que no lo saben todo, que necesitan aprender, sobre todo acerca de sí mismos, de su relación mutua, de su relación con Dios (si son creyentes).

Reflexiones para bodas:

  1. Que saber no es lo mismo que caer en la cuenta, ser conscientes. Hay muchas personas que tienen muchos conocimientos, pero no se valen de ellos para nada.  No basta haber tenido muchas “experiencias” para conseguir experiencia, sensatez y buen juicio. Hay que tener criterios, puntos de referencia, para lograr que las “experiencias” sean fuentes de experiencia y no simplemente la repetición incesante de errores y locuras.
  2. Para preparar ese largo viaje hay que saber preparar la maleta. El exceso de equipaje no siempre indica que llevamos lo fundamental. La maleta puede estar abarrotada de inutilidades y hasta de cosas nocivas y peligrosas. El trasfondo familiar de cada uno de los novios puede llevar cosas muy buenas, pero también puede llevar patrones, enfoques y hábitos muy malos de los cuales hay que tomar distancia si se quiere fundar un hogar nuevo sano y fuerte.
  3. El Sacramento del Matrimonio no se reduce a una boda pomposa en un templo. Requiere la formación de una relación personal que los comprometa a vivir su matrimonio dentro del espíritu de Cristo. Y exige de ellos un compromiso serio de implementar un proyecto de vida que les permita construir su matrimonio de acuerdo con las exigencias de la naturaleza y vivir en el amor, el respeto mutuo, la fidelidad, la justicia y la observancia de los mandamientos del Señor.

Reflexiones para bodas: Para todo esto se necesita tiempo. Se necesita seriedad y madurez.

Una recomendación: desde cuando deciden casarse (se supone que lo hacen conscientemente) inicien su proceso de preparación de las personas. No lo dejen para lo último.

La mejor manera de “obviar” los requisitos de la Iglesia es realizarlos oportunamente.

Los requisitos que exige la Iglesia para una celebración válida, lícita y fructuosa no son el resultado de caprichos de individuos. Es el resultado de la experiencia de siglos. A la Iglesia Católica le interesa que cada pareja de novios tenga éxito en su matrimonio. A los novios también debería interesarles poner a sus matrimonios los cimientos que requiere toda construcción llamada a durar.

Si a veces no entienden el por qué de las normas de la Iglesia para el matrimonio, averígüenlo de quienes están bien enterados.

Tienen ya listo todo para su matrimonio? o les faltan detallitos?

Pbro. Gilberto Gómez Botero
Coordinador Arquidiocesano de Pastoral Familiar de Bogotá