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Bodas Catolicas…

Piénsalo muy bien antes.

Discute el tema con tu pareja.

Aclaren los dos, por qué escogen esa forma de vida y lleguen a una decisión bien fundamentada. Nunca se arrepentirán  de este proceso.

Suelen oírse en reuniones sociales frases como éstas: “eso da lo mismo: casarse en Bodas Catolicas o civil, o simplemente no casarse; (como en la poesía  de Pablo Neruda: “para que nada nos separe, que no nos una nada”…) con tal que no falte el amor y el respeto.

En verdad no da lo mismo.

Y es imprescindible que si ustedes se deciden por las Bodas Catolicas puedan explicar a sus familiares y a sus amigos y después a sus hijos por que lo hicieron. Por qué  lo prefirieron al matrimonio  civil y a la llamada “unión libre”.

Muchas cosas son iguales en todas las formas de matrimonio: el banquete, los vestidos, la luna de miel, los deberes y  la fuerza legal de estos deberes.

Pero sí hay algo absolutamente exclusivo,  inolvidable y fundamental en las Bodas Catolicas: ¡Es un sacramento!.

Los convierte ante el mundo en signo, en sacramento del amor de Jesucristo. (Los sacramentos hacen visible lo invisible). Casarse católicamente es llevar a Jesucristo a bordo en la travesía nupcial y su presencia divina es el verdadero “control de calidad” del matrimonio, por ejemplo:

El amor: muchos se preguntan ¿cuánto me quieres? y el Señor nos da la mejor respuesta: nadie ama más que el da la vida por el otro.

La entrega mutua tiene que ser como Cristo a la Iglesia, total y gratuita.

La  fidelidad  Cristo no fue primero sí y después no. En El, como dice San Pablo, hay un perpetuo sí. Ser fiel es despertarse cada día soltero y libre para volver a decir hoy quiero otra vez   casarme contigo.

El perdón,  indispensable en toda vida cristiana lo es más en el matrimonio. Cristo nos propone una exigente medida: setenta veces siete  (70 x 7) por día.

No puede ser lo mismo, por todo esto, un las Bodas Catolicas y otras formas de vínculo. Es, sin duda, la forma más exigente de establecer una familia, de hacer una pareja, también la más hermosa y sublime.

No tiene nada que ver con mayor seguridad jurídica.

Ni, con lo que creía una distinguida dama que afirmaba enfáticamente: “nunca  permitiré que mi hija se case católicamente  porque a uno se le va el marido y los  sacerdotes no hacen nada. En cambio el Estado con la SIJIN y la  DIJIN o el bloque de búsqueda  sí lo persigue y lo encuentra.

Germán Pinilla Monroy

Capellán de la Universidad del Rosario

 

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