Destinos para Luna de Miel y recien casados

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Panamá: tiquete a un cuento de hadas

Sofía Piñeros le dio el sí a Edgardo Medina en una pequeña capilla en Puente de Piedra, a las afueras de Bogotá. Al poco tiempo de jurarse fidelidad en la salud y en la enfermedad –y con el gozo y el peso de unos tragos de más– llegaron al aeropuerto El Dorado.

Una hora y cinco minutos más tarde, el piloto anunció la llegada a Ciudad de Panamá. Para ellos aquel murmullo incomprensible que emitía el altoparlante del avión significaba algo más que un simple aterrizaje. Era una dicha eufórica que sus 102 compañeros de vuelo no podían entender: el comienzo de su luna de miel.

Playa en panama para luna de mielLa decisión fue difícil y la discusión larga. “Váyanse a la playa”, aconsejaba una prima de la novia. “Mejor a una ciudad”, sentenciaba el abuelo del novio. “¿Por qué no ir a las dos partes?”, preguntó el padrino en medio del asombro de los familiares, quienes quedaron pasmados al enterarse que era factible tener una ciudad cosmopolita y dos océanos con bellas playas en el mismo lugar (y por el mismo precio de un destino nacional). ¡Listo! Sin pensarlo más tomaron rumbo a Panamá.

El viaje de Edgar y Sofía comenzó en la provincia de Bocas del Toro, donde pasaron unos días de ensueño buceando en las aguas transparentes del Atlántico, comiendo los más frescos mariscos, paseando en lancha en busca de delfines y durmiendo en uno de los hoteles pequeños, románticos y acogedores que bordean el mar.

Siguiente destino: el Pacífico. Allí fueron sorprendidos por los fascinantes y aparentemente inexplicables cambios de marea; por la diferencia en los tipos y el sabor del pescado y por una playa explotada cuidadosamente para el turismo. Hicieron windsurf, montaron en un bote en forma de banano y brindaron con una piña colada al borde de la piscina pensando en los hijos que planean para el futuro.

Cuando la pareja ya había descansado lo suficiente y había superado los traumas de los ocho meses de ajetreo prematrimonial, los nuevos esposos estaban listos para disfrutar de los manjares de una gran ciudad. Apostaron en casinos luminosos, conocieron centros comerciales, compraron en la zona libre de impuestos, comieron en los más sofisticados restaurantes (la variedad culinaria del país es alucinante), deliraron por la belleza de su zona histórica y se hospedaron en una de las reconocidas cadenas de hoteles cinco estrellas con presencia en Ciudad de Panamá.

Aún les quedaba un plan por hacer. Un plan infaltable. Un plan que les robaría el  aliento para siempre. Una maravilla de la ingeniería… El Canal de Panamá. Vieron  pasar barcos gigantescos que parecían edificios flotantes. Vieron abrir y cerrar  las compuertas de las esclusas. Y fueron testigos de cómo se unieron los océanos  y se acortaron las distancias en el mundo.

ciudad antigua y muralas para luna de miel turisticaDe repente a los Medina Piñeros -convertidos en familia por la bendición de Dios  y de la ley civil- los sorprendió la nostalgia de la hora del viaje de regreso. Con las  maletas repletas de perfumes para sus tías y licor para sus compañeros de  trabajo, con la piel bronceada y una cámara nueva llena de los mejores recuerdos,  llegaron al aeropuerto Tocumen.

Pero antes de empezar su vida juntos, mientras el piloto anunciaba el despegue   hacia su vida real, ellos suspiraron de alivio y felicidad por el acierto del padrino   al proponerles Panamá como destino para su luna de miel. Para su luna de miel sin siete enanitos ni carrozas de calabazas, pero en un lugar como de cuento de hadas.

Embajada de Panamá.